UN MILLÓN Y MIL MILLONES DE NIÑOS
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II
El mal nace en razones conocidas:
Copa vaciada sin sentido a tierra.
Aun a colmena de oro, se reduce
su encanto, si lo lame con su lengua
la rapiña; perdiendo, dulce y luna.
Y obligada conduce su pobreza.
Con el ahora, el antes y el después,
los niños gimen luna de colmena.
Los niños están solos y no hay sueños
a que remonten ruinas venideras.
La lluvia está dormida en el crepúsculo
de esperar esperanzas en las mesas.
Los niños están solos y en sus vuelos
se dibujan, su profunda tristeza.
Con luchas de raíces pequeñitas,
perezosas en vuelos de palmera.
En alto, en bajo, siempre fascinantes;
sus diminutos ritmos me alimentan
a justo pasaporte en dulce lago.
De las gotas de sangre que no cesan.
Francisco Fenoy